4.3- SILVOCULTURA, METALURGIA CERÁMICA Y TEXTIL

Silvocultura
A pesar de que las comunidades campesinas de la I Edad del Hierro eran capaces de producir sus propios alimentos, los recursos que ofrecían los bosques eran amplios, ya fuese en relación con el aprovechamiento cinegético, con la pesca, existiendo una gran variedad de peces y otras especies ricas en contenidos proteínicos como las almejas de río recolectadas en el Castillejo de Cubo de la Solana, o con la recolección de una amplia gama de frutos de temporada.
Entre estos últimos destacarían las bellotas dada la abundancia de Quercus, producto muy valorado por su gran contenido proteínico y calórico, que proporcionaría una buena reserva alimenticia durante el crudo invierno, periodo en el que la producción agrícola se paralizaba, así como resinas para la elaboración de artefactos, espartos y mimbres para confeccionar vestimentas y objetos de almacenamiento, plantas de temporada (alimenticias o medicinales) y maderas como combustible y para la construcción, etc.
Dadas las dificultades que presentan estas tierras a la hora de cultivar cereal, la recolección de estos frutos podría haber jugado el papel que en otras sociedades tienen los cultivos de secano, de modo que no resultaría extraña su habitual transformación y consumo panificado, como así sucede durante la etapa posterior (estudios de fitolitos de molinos rotatorios y análisis osteológicos de la necrópolis de Numancia), donde se aprecia el enorme peso dietético y la cotidianidad con la que debieron ser consumidos por parte de unas sociedades que hunden sus raíces en la I Edad del Hierro (Checa et al, 1999, 66-68).

Metalurgia
En primer lugar destacamos la producción metalúrgica, cuyas evidencias de transformación del metal se reducen a la presencia de escorias metálicas en el Castillejo de Abieco, Taniñe y en el citado horno de El Royo, donde se trabajó in situ hierro y sobre todo cobre, estaño y plomo siguiendo las técnicas tradicionales empleadas durante el Bronce Final (tipo Baiôes-Venat). Todavía se evidencia un modesto desarrollo en su producción y una escala muy local, basada principalmente en el uso del bronce, que de forma generalizada se constata fundamentalmente a través de algunos elementos suntuarios relacionados con la vestimenta, (fíbulas de doble resorte, de pie vuelto y botón terminal, espiraliformes, placas romboidales, fragmentos de brazaletes ovales, agujas, etc. ).


Producción de artefactos
Por otro lado, la producción cerámica constituye el elemento de significación cultural más importante de la I Edad del Hierro, cuyas 25 formas realizadas exclusivamente a mano (Romero Carnicero, 1991), ofrecen un porcentaje muy elevado de cuencos y vasos relacionados con el cocinado de alimentos, una amplia gama de formas ovoides, globulares o bitroncocónicas de tamaños medianos y grandes y paredes gruesas, asociadas a contenedores para el almacenaje de la producción y en menor proporción, algunos ejemplares destinados al consumo de líquidos (leche, papillas o cerveza) y/o sólidos (carne, tubérculos, etc.), como los cuencos y vasos que presentan un mejor tratamiento exterior.


En último lugar, la producción textil, constatada a partir de los hallazgos de las fusayolas empleadas para el hilado de los paños, de las agujas y punzones metálicos y de algunas pesas de telar como las documentadas en el Castillejo de Castilfrío de la Sierra, donde aparecieron 6 piezas agrupadas relacionadas con el trenzado de fibras gruesas (Arlegui y Ballano, 1995), que junto con la información que nos brinda la etnografía (tradiciones para la confección de textiles, empleo de herramientas y objetos de naturaleza orgánica, utilización de prendas de vestir de materia prima animal como el sagum, etc.), vienen a completar el panorama existente para la Serranía Norte de Soria.