TIEMPO DE PINGAR EL MAYO

En un tiempo en el que los pastores abandonaban los pueblos y marchaban a extremar, las mujeres celebraban reuniones nocturnas al calor de una vieja chimenea acampanada. Estos son los "trasnochos", momentos en los que se relataban viejas historias y leyendas que la memoria no ha podido enterrar mientras se cosía, hilaba y cardaba la lana. Aquí va el nuestro en particular...
El final del invierno y el renacer cíclico del mundo vegetal se plasma en la mentalidad popular con la consumación de toda una serie de ritos y ceremonias encaminadas a propiciar la abundancia de las cosechas y el nacimiento de nuevas crías para la cabaña ganadera. Es por ello que en mayo, y en alguna ocasión en fechas más tardías que enlazan con el verano, en buena parte de Europa es costumbre festiva plantar un gran árbol en el centro de la plaza de la localidad por parte de los jóvenes, concretamente los quintos.
Siguiendo nuestro camino de búsqueda de la esencia céltica que destila Soria, y aprovechando la proximidad de la fecha, encontramos en muchos pueblos de la provincia de Soria varios ejemplos de esta costumbre ancestral en la que los mozos se las ingenian para adentrarse en el bosque y seleccionarlo, cortarlo y pingarlo.
En el mundo céltico, el árbol encerraba un claro simbolismo sagrado al ser la representación del axis mundi o pilar que une el cielo y la tierra, además de ser un elemento de la naturaleza que muere y renace. De hecho Prudencio en su obra Contra Símaco (II, 1005-1011) señala algunos cultos y rituales a los árboles que se mantenían entre los campesinos hispanos de la Antigüedad Tardía, los cuales tuvieron su continuidad en época visigoda, como así se denuncian en algunos concilios, siendo su popularidad la que ha hecho que perviva hasta nuestros días.
En dicho árbol cósmico reside la inmortalidad que un buen mozo aguerrido, cuan héroe solar, deberá conquistar trepando a lo más alto para conseguir el premio allí colgado.
El acto de ascender para obtener una recompensa podría tener consonancia con lo representado en algunos motivos de la iconografía celta europea, así como con en muchos relatos de la mitología grecorromana y oriental, donde el árbol de la vida está asociado a dragones o seres con forma de serpiente a los que se tiene que enfrentar un héroe para conquistar sus frutos y así renovar a las fuerzas vitales de la naturaleza. Este gesto de “hombría“, bien pudiera formar parte de un ritual de iniciación de los jóvenes en su paso a la edad adulta, costumbre que a pesar de estar ya muy edulcorada y transformada, se viene repitiendo desde tiempos muy lejanos, y si no recordar aquellos jóvenes celtibéricos que ansiaban formar parte de una cofradía guerrera.

Al mismo tiempo, tanto en La Pinochada de Vinuesa (trasladada al mes de agosto) como en San Pedro Manrique (junio), se sabe que los cantos y danzas que efectuaban las parejas junto al “mayo” llegó a ser censurado y reprimido por parte de las autoridades eclesiásticas, quizás por el fervor que éstas alcanzaban, donde además se celebraban matrimonios simbólicos en los que las mujeres elegían a "los mejores".
En un mundo en el que todo se parece cada vez más la cultura popular nos puede ayudar a recordar nuestras raíces y aprender de sus enseñanzas, además de ayudarnos a ganar autoestima para mirar hacia el futuro con paso firme. Desde aquí reivindicamos lo que subyace de todas estas festividades, su concepción mágica y simbólica, junto a la necesidad de su puesta en valor como verdadero patrimonio inmaterial de los sorianos y castellanos.

Mantenerlas, recuperarlas y divulgarlas suponen su salvaguarda y con ella la de nuestra identidad, además de la riqueza que puede generar como atractivo turístico de unas poblaciones que se desangran demográficamente.
Pinguemos el Mayo de San Leonardo, Cabrejas del Pinar, Salduero, Covaleda, Molinos de Duero, Duruelo de la Sierra, Navaleno, Valdeasvellano de Tera, Torlengua, Matamala, Espeja de San Marcelino, Bayubas de Arriba, Vadillo, Talveila, Abejar y en la vecina y hermana comarca de Pinares en Burgos, así como en aquellos otros pueblos cuya tradición cayó en el olvido.

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